Escritos en Alaró

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               PASÓ EL SILENCIO

Hemos vuelto del silencio, de la soledad, de aquel silencio que acompañó a un mundo enfermo, que decretó el enclaustramiento para preservarnos de la tragedia, evitando que los cielos se desgarraran y que el silencio fuera eterno.

            Reducido en el despacho, oía el rumor de la montaña, presidiendo la armonía de un pueblo que, mecido por aquel silencio, se refugiaba en las casas, al calor de la familia, recordando cosas simples, mediante conversaciones de hechos pasados, sensaciones desangeladas, huyendo del silencio que producía soledad y el miedo.

            Ha empezado la primavera, con un sol resplandeciente, alumbrando el nuevo día,   y, en el silencio del campo,  empiezan a surgir los olores del azahar;  llegan como nueva esperanza, oyendo el libar de las abejas, organizadas  en el eterno juego de la creación; nubes blancas recorren el firmamento, como espuma surgiendo de una tierra siempre a punto de ebullición, son enormes plataformas  navegando en el infinito; el rojo intenso del árbol del amor, dejará sus semillas formando una alfombra enrojecida y liviana, porque, mañana, el viento las esparcirá volviendo la tierra a su verdor natural; las calles se volverán a llenar de ruido, porque la vida impone su proceder,  y se convertirá en murmullo, cuando suenen, de nuevo, las palabras de amor, de  una juventud que despierta a nuevas sensaciones, a nuevas ilusiones, a nuevas empresas,  en el duro navegar de un planeta, a veces turbulento, que ha vencido al  silencio,  y  está forzando   el despertar de  este mundo herido.

            Terminó  la pandemia y unos seres extraños, creadores de guerras,  como nuevos colonizadores,  - lobos hambrientos atacando en manada, - tratan de encontrar su gloria, para pasar a una eternidad que solo será olvido, mientras   dioses  enigmáticos,  desdeñan a estos humanos, que   hechos, al parecer,  a su imagen y semejanza,   siempre, en alguna parte, olvidarán  tanta tragedia,  para volver a soñar, esperanzados, disfrutando de esta mañana soleada y luminosa,  que, como eterna musa, creará  con la mente una fantasía de colores, para expandirla por  un mundo  que nunca morirá.

 

 

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