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 LAS PREGUNTAS

     Cuando empieza el verdadero declive de la vida, puesto ya el pie en el estribo, al que se refirió Cervantes, en la dedicación de su Calixto, señalando la inminente partida hacia desconocidos lugares de eterna residencia, la mente sigue persiguiendo respuestas.

Cada uno tenemos nuestro modo de ser, nuestra forma de pensar, nuestro sistema de vivir, y, hasta nuestra manera de ejercer las relaciones sexuales, en el necesario caminar de la vida, en la que, como en todo, cada uno tiene  sus apetencias y todas son válidas, con el permiso de estos dictadorzuelos que nos gobiernan, que pretenden imponernos, en todo,  su voluntad,  y de la santa madre iglesia, siempre imaginadora de pecados, transgresiones prohibidas  por   un dios al que nunca han visto, ni se ha pronunciado en miles de  los millones de años, en este planeta que, como el color furcia, nadie sabe de donde procede.

Pero existen infinidad de preguntas, - como ¿Qué existe después de la muerte? ¿Existe, realmente, un creador del universo? ¿Existe el dios de las religiones? ¿Dónde está el alma?, ¿Unida al cuerpo determina la vida?, - planteadas de forma diversa desde muchos siglos antes de nuestra era. No cabe duda de que todos los pueblos, de todas las civilizaciones, han buscado la respuesta, a tales preguntas, a través de pensamientos simples, o de grandes disquisiciones, que forman parte de una ciencia llamada filosofía, a la que podemos definir, como la ciencia que busca la causa y fines de conceptos abstractos, a través de argumentos lógicos y metódicos, y trata de explicar las causas y fines de la realidad y de las experiencias que jalonan nuestra existencia.

Esta búsqueda deja de hacerse acuciante, al pasar de los años, cuando empiezas a ver el límite de la esperanza, quizás porque se acerca el límite de la vida, que, en contra de lo que se piensa durante los años jóvenes, no tiene nada de tragedia. Es, como una expectativa más, de las sorpresas que nos depara este corto viaje, que, mirado a toro pasado, tiene poco de vacacional.

Y, quizás, nunca encontremos las respuestas a tales preguntas, hasta que cada uno, lleguemos al final del viaje, que, podíamos definirlo como el del asombro, y, sobre todo, el de las realidades, que se imponen cuando la noche empieza a ensombrecer los caminos, y la lluvia los hace, prácticamente, intransitables.  Pero, también, es el viaje de las ilusiones, de la esperanza, del amor, de nuevos amaneceres, en los que, cuando sientes el frescor en la cara, renace la vida.

       Hoy, convocada la mañana, empieza la aventura de vivir, con todo lo que, ello, entraña.

 

P.D.: Paulo, amigo, necesito la web para iniciar la nueva etapa. Salve

     

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